¡Ay de mí sino evangelizase! Descubrí mi vocación al encontrarme con Dios que no era un castigador, sino un Dios misericordioso lleno de amor. Desde entonces quise dedicar mi vida a ser portavoz de esta verdad tan maravillosa que trasformó para siempre mi vida. Todo se volvió distinto, porque yo había estrenado una mirada nueva.







0 comentarios