ENCUENTRO SACERDOTAL
EN LA
COMUNIDAD DE SANT' EGIDIO
(Roma, abril 2010)

Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote




Icono de los mártires (s.XX) en la iglesia de San Bartolomé de la Comunidad de Sant' Egidio


Sacerdotes en la celebración de la Eucaristía, en el encuentro de Sant' Egidio

Sacerdotes en el encuentro de Sant' Egidio

en la audiencia del Papa en la Plaza de San Pedro en Roma

atendiendo a un pobre en la calle

atendiendo a los pobres en la calle

Comidad de Navidad con los pobres en Santa María in Trastevere en Roma

Benedicto XVI en la comida de Navidad 2009-2010 en Sant' Egidio

Benedicto XVI entregando regalos a los niños

Benedicto XVI con los niños en la comida de Sant'Egidio

      Entre los días 12 y 15 de abril ha tenido lugar en Roma un encuentro sacerdotal convocado por la Comunidad de Sant' Egidio. La invitación al mismo se realizaba en el marco del Año Sacerdotal, con estas palabras:

      "Abriendo el año de reflexión sobre el sacerdocio, el Santo Padre Benedicto XVI decía: “En la actualidad es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico”. Es una invitacion comprometedora, a la altura de los desafíos que el mundo de hoy pone a los cristianos, pero también una perspectiva feliz en la que sentimos resumida toda la belleza y la fuerza de la fraternidad que nos une a muchos de nosotros, sacerdotes, diocesanos y religiosos, de Iglesias y Confesiones diferentes, que encontramos en el camino de la Comunidad de Sant’Egidio un apoyo y un ámbito de reflexión y de compromiso común". El encuentro "será una ocasión oportuna para reflexionar sobre los desafíos que vivimos en muchas partes del mundo, buscando juntos, ante la Palabra de Dios, un camino evangélico de fidelidad a la vocación de ser cristianos y pastores en un tiempo no fácil."

      El lema del encuentro expresa no sólo la espiritualidad que anima a la Comunidad de Sant' Egidio, sino también la realidad del sacerdocio como mediación y signo del amor de Dios hacia una humanidad herida: "El sacerdote, el altar, los pobres".

      A la vuelta de este encuentro, nos ha hecho llegar su testimonio Felipe A. González, sacerdote diocesano, párroco de la Natividad de Ntra. Sra. en Madrid, amigo del Instituto; se trata de una comunicación a su comunidad parroquial, que ha querido compartir con las Siervas para difundir el espíritu que anima estas iniciativas:

      Anoche regresé del encuentro de sacerdotes de San Egidio en Roma.

      Son muchas las alegrías y las experiencias de resurrección y de vida que han llenado mi corazón en estos días, en todas ellas he tenido presente a la comundiad (de la Natividad de Ntra. Sra.), en especial cuando rezábamos o celebrabamos la Eucaristía en la basílica de Santa María in Trastévere, sede de la comunidad de San Egidio. Allí delante del mosaico de la natividad de María, os recordaba a todos y cada uno de vosotros.

      Ha sido un pequeño y nuevo Pentecostés, de una Iglesia sencilla, pequeña, pero universal. Más de 280 sacerdotes de 80 paises distintos de todo el mundo. Católicos, protestantes, ortodoxos, uniatas, grecocatólicos, anglicanos...

      Se han compartido muchas reflexiones y experiencias, desde el dolor por los escándalos de pederastía hasta las situaciones de persecución que viven los cristianos de India, Paquistan, Afganistan, Malasia y otros muchos países donde los cristianos son minoria. Esto celebrado en la basílica de San Bartolomé, dedicada al los mártires de los siglos XX y XXI, los más sangrientos de la historia del cristianismo, y recordando y actualizando el martirio de Monseñor Oscar Romero al cumplirse los 30 años de su asesinato, pero también de tantos cristianos anónimos que siguen dado la vida por su fe en Cristo. Es inevitable pensar en cómo estoy viviendo yo mi fe, qué entrego, qué doy, hasta dónde estoy dispuesto a llegar, en un contexto en el que no tenemos que arriesgar nada en comparación con esos lugares. Los hermanos de India y Pakistan nos pedían que rezáramos por ellos, para que también fueran capaces de mantenerse firmes en la fe y acompañar a los cristianos de sus países en estas situaciones de persecución y de muerte.

      Los pobres también han estado presentes en estos días de encuentro: es uno de los carismas de San Egidio. Los pobres físicos, materiales, los que pasan hambre y sed, los que no tienen hogar, los perseguidos.... todos los demás, nos decia Vizenzo, somos pecadores que nos tenemos que convertir. Como hizo San Francisco de Asís, cuando abrazaba y besaba a los pobres y leprosos teniendo que superar su aversión y su asco, pero una vez que lo hizo, aquello que le resultaba amargo se transformó en dulce y cambió su vida, ya no lo hacia como penitencia sino con gusto. Sólo después de este encuentro con Cristo leproso y pobre, pudo reconocer a Cristo en la imagen de San Damiano que le invitaba a "reconstruir la Iglesia".

      El martes por la noche, divididos en grupos, fuimos a repartir la cena a los pobres de Roma, como también en Madrid y en todo el mundo hace la comunidad. Es una experiencia difícil de explicar, pero queda claro que el pobre es un "sacramento de Cristo" y que sientes la necesidad de arrodillarte ante él. También conocimos las instalaciones donde la comunidad da más de 1000 comidas diarias, donde el Papa fue este año un comensal más junto a los sin techo. Desde aquí se prepara todo y se sale para repartir la cena. Allí están empadronados los cientos de pobres que no tienen hogar: así pueden tener asistencia médica y recibir el correo.

      No debemos temer las dificultades, las persecuciones, los escándalos... todo esto nos purifica, nos dará más fuerzas si realmente creemos y sentimos, como cantábamos al final de cada Eucaristía: Cristo è risorto! Veramente è risorto! Egli ci attende in Galilea! (Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado, Él nos espera en Galilea).

      Desde aquí quiero situarme para las celebraciones de este fin de semana, con este evangelio en el que Jesús nos invita a echar las redes en su nombre, a no tener miedo, Él va delante en Galilea, en el mundo, en la vida.

      Doy gracias a Dios que me ha permitido vivir esta experiencia de resurrección y conversión por medio de la comunidad de San Egido, Tíscar, Paola, Vizenzo, Andrea..... su cercanía, amabilidad, acogida, acompañamiento... Espero que algo de esto, también a vosotros, os haya "calentado" el corazón y ayude a resucitar.


 

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