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Textos y oraciones vocacionales - Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote
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Textos y oraciones vocacionales

Presentaciones vocacionales

Horas Santas Vocacionales

Oraciones

A VOSOTROS OS LLAMO AMIGOS

A vosotros, que compartís mi proyecto
y lo lleváis a cabo;
y la ponéis en práctica;
a vosotros, que os reunís en mi nombre
y evocáis mi presencia
os llamo amigos.

A vosotros, que sois fuertes
en vuestra debilidad;
a vosotros, que os mantenéis firmes
en la opción evangélica;
a vosotros, que progresáis en la fe
puesta en acción,
os llamo amigos.

A vosotros, dispuestos a dar la cara,
a arrimar el hombro, a echar una mano;
a vosotros, con quienes se puede contar
de manera incondicional
para toda buena causa,
os llamo amigos.

A vosotros que afrontáis la realidad
e intentáis mejorarla;
a vosotros, que no renunciáis a la utopía
y camináis hacia ella;
a vosotros, que dais una oportunidad
a un futuro mejor,
os llamo amigos.

A vosotros, que celebráis lo que creéis
y compartís lo que tenéis;
a vosotros juntos en la fiesta y juntos en la lucha;
a vosotros, que tenéis mis sentimientos y mi Espíritu,
os llamo amigos.

(Joaquín Suárez Bautista)


«ADORA Y CONFIA»

No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado;
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda: cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas apesadumbrado,
triste,
adora y confía…
(P. Teilhard de Chardin)


DAME FUERZAS PARA BUSCARTE

Señor y Dios mío,
mi única esperanza,
no permitas que deje de buscarte por cansancio,
sino que te busque siempre
con renovada ilusión.
Tú, que hiciste que te encontrara
y me inculcaste ese afán por sumergirme
más y más en ti,
dame fuerzas para continuar en ello.
Mira que ante ti están mis fuerzas
y mi debilidad.
Conserva aquellas, cura ésta.
Mira que ante ti están mis conocimientos
y mi ignorancia.
Allí donde me abriste,
acógeme cuando entre.
Y allí donde me cerraste,
ábreme cuando llame.
Haz que me acuerde de ti,
que te comprenda,
que te ame.
Acrecienta en mí estos dones,
hasta que me transforme completamente
en nueva creatura.


MIEDO AL SÍ

TENGO MIEDO A DECIRTE QUE SÍ, Señor,
porque… ¿a dónde me vas a llevar?…
Tengo miedo a arriesgarme,
a firmarte en “barbecho”,
de darte un SÍ
que genere una reacción de “sies” en cadena;
y sin embargo…
¡no tengo paz!
Tú me persigues, Señor,
me acechas por todas partes.
Me aturdo con ruido
porque temo oír tu voz;
pero Tú te infiltras en el silencio.
Me desvío del camino al verte,
pero cuando llego al fondo del sendero,
¡ALLÍ ESTÁS TÚ!
¿Dónde podré esconderme
si te encuentro siempre?
No, no hay modo de esquivarte.
… Pero, es que tengo miedo de decirte que SÍ, Señor.
Tengo miedo de alargarte la mano,
porque la aferras en la tuya…
Tengo miedo de encontrarme con tu mirada,
porque me seducirás…
Tengo miedo de tus exigencias,
porque eres un Dios celoso…
Apuntas hacia mí, pero esquivo el blanco.
Me aprisionas, pero me resisto.
Y sigo combatiendo, sabiendo que estoy vencido.
Pero… es que, de veras, ¿se te puede resistir?…
Señor, para que llegue tu Reino y no el mío,
ayúdame a decir que SÍ.
Ayúdame a decir que SÍ,
para que se haga tu voluntad y no la mía.
(Michel Quoist)


ORACIÓN DE P. DONCOEUR

Elígenos, Señor, para servirte.
Concédenos que no temamos a nadie sino a ti;
que no sigamos a nadie, sino a ti.
Haznos atrevidos y rectos
y haz más limpios nuestros corazones.
Tómanos, Señor, a tu servicio.
Que nuestra fe sea valiente,
nuestro amor generoso y nuestra esperanza ilusionada. Amén.


ORACIÓN DE THOMAS MERTON

Dios y Señor mío, no sé a dónde voy.
No vislumbro el camino delante de mí.
Ni siquiera me conozco realmente a mí mismo.
Y el hecho es que pienso que cumplo tu voluntad
pero no significa que realmente lo esté haciendo.
Pero creo que el deseo de agradarte
de hecho hace que te agrade.
Y espero que nunca haga nada aparte de ese deseo.
Y además estoy seguro que si hago eso,
me conducirás por el camino recto
aunque yo lo desconozca por completo.
Me atrevo a decirte que quiero confiar siempre en ti.
Aunque más de una vez pueda parecerme que estoy perdido y en sombra de muerte
no temeré porque tú estás siempre conmigo
y nunca permitirás que me sienta solo en mis luchas.
(traducción de F. Lansac)

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Dios, nuestro Padre,
nos confiamos a ti
con nuestros problemas, aspiraciones y esperanzas.
Vuelve hacia nosotros tu mirada de amor
y haz que seamos operadores de paz
y constructores de la civilización del amor.
Llámanos a seguir a Jesús, tu Hijo.
Haz que comprendamos que vale la pena
dar enteramente la vida por ti y por los migrantes.
Concédenos la generosidad y prontitud en la respuesta.
Acoge Señor, nuestra alabanza
y nuestra oración también
para que los jóvenes a ejemplo de María,
Madre de la Iglesia, han creído en tu Palabra
y se están preparando al sacerdocio,
a la profesión de los consejos evangélicos
y a la vida misionera.
Ayúdanos a comprender que la llamada,
que Tú nos has dado,
es siempre actual y urgente.
Amén.


ORACIÓN POR LOS CONSAGRADOS

Señor, te damos gracias
por llamar a hombres y mujeres
a consagrar su vida
en la extensión de tu Reino
en medio nuestro.
Que en la Iglesia
jamás falten cristianos valientes
capaces de entregarse,
en cuerpo y alma
al servicio de tu mies que tanto necesita.
Dales la fidelidad y la perseverancia
en su vida consagrada,
para cumplir tu encargo
con diligente generosidad,
y así, amando y sirviendo a tu Hijo,
te glorifiquen a Ti en el Espíritu
y nos muestren, con la palabra y la acción,
tu rostro misericordioso.
María, Reina y Madre de los consagrados,
protege e intercede por cada uno de ellos
para que a ejemplo tuyo
sean fieles a su vocación
hasta el final de sus vidas.
Amén.

Aquí estamos, Señor, porque eres nuestro Dios.
Aquí estamos, Señor, porque nos has mirado.
Aquí estamos, Señor, con nosotros puedes contar.
Aquí estamos, Señor, para decirte con el corazón
que nos ayudes en ésta, nuestra misión.
(Claudio Lizana Gangas)


ORACIÓN-REFLEXIÓN DE EDUARDO MARQUINA

Una fuente escondida
y un caminar con sed
y al final del camino
encontrarla y beber.
No pediría a Dios
en mi vida otro bien.
Y, si Dios no pudiera
mi deseo atender,
le diría a Dios: Nada
te pido que me des.
A la fuente renuncio
y al camino también.
Pero, hasta que me muera,
consérvame la sed.


SALMO DEL DISCÍPULO QUE QUIERE ANUNCIAR A DIOS

Aquí estamos, Señor, como tus discípulos en Galilea.
Aquí estamos, Señor, respondiendo a tu llamada.
Aquí estamos, Señor, porque nuestro gozo eres tú.
Aquí estamos, Señor, queremos ser anunciadores de tu Reino.
Aquí estamos, Señor, con la confianza puesta en ti.
Como los discípulos en Galilea…
nuestro deseo es salir a tu encuentro,
porque en medio de nuestra vida
tú ocupas siempre un lugar importante.
>Respondiendo a tu llamada…
porque a ti no se te puede decir que no,
porque en nuestra respuesta encontramos el gozo.
Aquí nos tienes, puedes contar con nosotros.
No sabemos si sabremos hacerlo como tú deseas,
pero sabes que la ilusión no nos falta.
Porque nuestro gozo eres tú…
Quien te descubre ya no puede vivir como antes;
quien te ha visto, ya no puede negarte;
quien te ha sentido, ya no puede olvidarte.
Tú eres nuestro gozo,
porque te hemos visto, sentido y descubierto.
Tú eres nuestro gozo,
porque eres la perla preciosa, el tesoro escondido.
Tú eres nuestro gozo,
porque toda nuestra vida tiene sentido desde tu presencia.
Queremos ser anunciadores de tu Reino…
porque te hemos sentido cerca;
porque ahora sabemos qué es lo bueno, lo perfecto;
porque cuando algo tan grande como tú se descubre,
ya no es posible guardar silencio.
Aquí estamos, porque sabemos que nos necesitas,
y te ofrecemos lo mejor que tenemos, nuestra propia vida,
para que sea instrumento al servicio de tu Reino.
Con la confianza puesta en ti…
Sabemos que no debemos poner toda la confianza
en nuestras propias fuerzas, sino en las tuyas.
Por eso acudimos a ti,
porque si nos falta valentía, tú nos darás coraje;
porque si nos falta fe, tú nos la aumentarás;
porque si nos falta el ánimo, tú nos darás la paciencia;
porque contigo, Señor, cualquier cosa es posible.


SALMO DEL HOMBRE ABIERTO A LA VOLUNTAD DE DIOS

Hoy, Señor, me presento ante ti
con todo lo que soy y lo que tengo.
Acudo a ti como persona sedienta, necesitada…
porque sé que en ti encontraré respuesta.
Siento que no puedo vivir con la duda todo el tiempo
y que se acerca el momento de tomar una decisión.
Deseo ponerme ante ti con un corazón abierto como el de María,
con los ojos fijos en ti esperando que me dirijas tu Palabra.
Deseo ponerme ante ti como Abraham,
con el corazón lleno de tu esperanza,
poniendo mi vida en tus manos.
Deseo ponerme ante ti como Samuel,
con los oídos y el corazón dispuestos a escuchar tu voluntad.
Aquí me tienes, Señor,
con un deseo profundo de conocer tus designios.
Quisiera tener la seguridad
de saber lo que me pides en este momento;
quisiera que me hablases claramente, como a Samuel.
Muchas veces vivo en la eterna duda.
Vivo entre dos fuerzas opuestas que me provocan indecisión
y en medio de todo no acabo de ver claro.
Sácame, Señor, de esta confusión en que vivo.
Quiero saber con certeza el camino que tengo que seguir.
Quiero entrar dentro de mí mismo
y encontrar la fuerza suficiente
para darte una respuesta sin excusas, sin pretextos.
Quiero perder tantos miedos
que me impiden ver claro
el proyecto de vida que puedas tener sobre mí.
¿Qué quieres de mí, Señor? ¡Respóndeme!
¿Quieres que sea un discípulo tuyo
para anunciarte en medio de este mundo?
Señor, ¿qué esperas de mí? ¿por qué yo y no otro?
¿Cómo tener la seguridad de que es este mi camino y no otro?
En medio de este enjambre de dudas
quiero que sepas, Señor, que haré lo que me pidas.
Si me quieres para anunciar tu Reino, cuenta conmigo, Señor.
Si necesitas mi colaboración
para llevar a todas las personas con las que me encuentre hacia ti,
cuenta conmigo, Señor.
Si me llamas a ser testigo tuyo de una forma más radical
como consagrado en medio de los hombres,
cuenta conmigo, Señor.
Y si estás con deseos de dirigir tu Palabra a mi oídos y a mi corazón,
habla, Señor, que tu siervo escucha.


CAMBIA TU VIDA PARA CAMBIAR EL MUNDO

Un hombre dijo acerca de sí mismo:
– De joven, yo era revolucionario y cuando oraba decía a Dios: “Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo”.
Después fui creciendo y haciéndome adulto y me daba cuenta que no había podido cambiar una sola alma. Entonces empecé a decirle a Dios: “Señor, dame fuerzas y la gracia para cambiar a los que están a mi lado. Aunque sea sólo a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho.
Ahora soy viejo y he empezado a comprender lo tonto que he sido. Y mi única oración es: “Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo”.
Si yo hubiera orado de esta forma desde el principio, no hubiera malgastado mi vida.
(Cuento Sufí)