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Testimonio vocacional - Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote
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Testimonio vocacional


Entrar en el corazón de la Iglesia

Yo siempre he querido ser una chica buena y feliz, capaz de ayudar a todos los que tuviera a mi lado.

Cuando, con los avatares de la vida, todo esto se me fue complicando y me resultó difícil, enseguida me fijé en Jesús. Él pasó por la vida haciendo el bien y no escatimó ningún sacrificio ni sufrimiento a favor nuestro. Muchas veces, para animarme, acudía a las palabras de Jesús que había oído en la Eucaristía del domingo. Poco a poco fui sintiendo la necesidad de conocerle mejor y eso me llevó a descubrir su Amor por todos los hombres y también por mí.

En esta nueva situación, la primera frase que me impactó fue: Dadles vosotros de comer. Sentí que Jesús contaba conmigo para seguir haciéndose presente en medio de los hombres, manifestarles su compasión y demostrarles su amor. Pero, ¿cómo iba yo a hacerlo ahora que en mi casa estábamos viviendo una situación tan dolorosa por el fallecimiento de mi hermana Consuelo y no podía hacer otra cosa que no fuera estar con ellos? Así que pensé que tenía que conocerlo mejor y vivir como Él vivió, que había vivido treinta años de vida oculta en Nazaret con su familia y haciendo el bien a todos.

Y para conseguirlo comencé por hacer oración. Jesús, a pesar de ser Dios, a menudo se retiraba a orar, necesitaba el trato íntimo y frecuente con el Padre para ir realizando su voluntad.

Al irle conociendo más, descubrí que no tenía por qué temer nada, que Él era el Pan de Vida bajado del cielo y que el que cree en Él vivirá para siempre. También descubrí que tenía un programa de vida y la promesa de que el que lo acoge se realiza plenamente y vive feliz: las Bienaventuranzas. Vivir con sus mismas actitudes y sentimientos: la compasión, el compartir, la limpieza de corazón, etc. Intentando vivir de esta manera, conocí a un miembro de un Instituto secular que ya lo vivía.

De su mano, enseguida empecé a hacer apostolado y muy pronto ingresé en su Instituto, el Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote, de espiritualidad sacerdotal, eucarística, reparadora y apostólica. Todo un ministerio que me desbordaba. Sentí que había entrado directamente en el corazón de la Iglesia, al lado mismo del Sacerdote. No en vano la Carta Magna de las Siervas es Jn 13-19, todo un itinerario que va desde el lavatorio de los pies a la oración sacerdotal.

Es una vocación muy hermosa donde he encontrado la mejor forma de compartir mi vida y mis bienes con los que más me necesitan. Cuidar a mi madre en su vejez y enfermedad y hacerlo sin que nada me pese, en continua acción de gracias por el don de la Eucaristía y el sacerdocio y con la intención de contribuir a la extensión del Reino. Una vocación que intento vivir seriamente, dedicando cada día un tiempo a la oración, a estar con el Señor para conocerle y amarle, para irme identificando con Él, sabiendo que, en la medida en que profundizo en su amistad y confianza, me hago más capaz de ayudar a los demás a encontrarse con Él y ser atraídos por el Evangelio. Todo ello realizado en actitud de servicio, queriendo hacer de mi vida, a imitación de la de Jesucristo, un pan partido y compartido.

Mercedes Soriano
Sierva Seglar de Jesucristo Sacerdote