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Retiros - Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote
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Retiros

ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

(Siervo de Dios Juan Sánchez Hernández)

Jesús, Salvador nuestro,
que has confiado a los sacerdotes,
tus ministros, la aplicación de la obra
de la redención y de la salvación del mundo;
por mediación de María, tu Madre,
te ofrezco mis oraciones, trabajos y alegrías,
mis sacrificios y sufrimientos
por la santificación de los sacerdotes
y aspirantes al sacerdocio.

Danos sacerdotes santos,
que guiados de tu amor, procuren,
siempre tu mayor gloria y
la salvación de los hombres.

María, Madre amante
de los sacerdotes y seminaristas;
acógelos a todos bajo tu especial protección
y ayúdame a emplear generosamente
mi trabajo y oración de este día,
por su santificación y servicio.

Amén.

Jesucristo, Sumo Sacerdote, misericordioso y digno de fe

“JESUCRISTO, SUMO SACERDOTE,
MISERICORDIOSO Y DIGNO DE FE”
(Hb 2, 17)
Francisco Pérez Sánchez

En el primer retiro de este Año Sacerdotal, basaremos nuestra oración en algunos textos fundamentales de la Epístola a los Hebreos:

 

Hb 2,17: Convenía que (Él) se hiciera semejante en todo a sus hermanos (los hombres), para que fuera misericordioso y Sumo Sacerdote digno de fe en lo que se refiere a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo.

Los dos rasgos que definen el Sacerdocio de Cristo son su cercanía total con Dios (acreditado en lo que se refiere a Dios) y a los hombres (en todo semejante, misericordioso). Ese sacerdocio se realiza en la expiación de los pecados del pueblo.

En nuestra oración:

1.- Contempla a Jesucristo, fiable, enviado por el Padre desde su mismo seno. En Él se nos hace presente todo el amor y la misericordia de Dios, su plan de salvación, su oferta de vida. Él es la fuente de todo bien para ti, para mí, y para todos.

2.- Contempla a Jesucristo misericordioso, capaz de compadecerse de verdad de nosotros porque con padece, sufre nuestros sufrimientos, habiéndose hecho en todo semejante a nosotros. ¡Menos en el pecado! Él comparte todo nuestro dolor, siendo el único ajeno a su causa, que es nuestro pecado. ¡Eso es misericordia que redime!

3.- Contempla al mundo y a ti mismo tan necesitados de expiación por los pecados, de una mano tendida que nos levante, nos ilumine, nos sane, nos regenere… Y da gracias a Cristo, misericordioso y digno de fe.

4.- Ofrécete a participar en el sacerdocio de Cristo, uniéndote de tal modo al Señor por la oración, la escucha de la Palabra, la vida sacramental, la vida de Gracia, que también tú seas digno de fe en lo referente a Dios, un icono transparente de su amor e instrumento dócil de su obra salvadora para los hombres. Para ello, sé misericordioso acercándote a los padecimientos del prójimo, haciéndolos tuyos, sin rechazar a nadie ni condenarlo, sino tendiendo la mano de Dios a todos desde una humilde y sincera solidaridad.

A) El Hijo de Dios, Sumo Sacerdote digno de fe y fiel al Padre

Hb 3,1-6: Por tanto, hermanos santos, partícipes de una vocación celestial, considerad al apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe, a Jesús, que es fiel al que le instituyó, como lo fue también Moisés en toda su casa. Pues ha sido juzgado digno de una gloria en tanto superior a la de Moisés, en cuanto la dignidad del constructor de la casa supera a la casa misma. Porque toda casa tiene su constructor; mas el constructor del universo es Dios. Ciertamente, Moisés fue fiel en toda su casa, como servidor, para atestiguar cuanto había de anunciarse, pero Cristo lo fue como Hijo, al frente de su propia casa, que somos nosotros, si es que mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza.

En nuestra oración:

1.- Contempla a Cristo, Hijo de Dios, heredero de la casa de Dios que somos nosotros. Mírale como a tu Señor u Salvador y dialoga con Él.

2.- Contempla a Cristo fiel en su vida peregrina, en su acercamiento a todos, incluso a los despreciados, en su pobreza y desprendimiento, en la intensidad de sus noches de oración, en Getsemaní, en la pasión y cruz, en su intercesión permanente por su Iglesia y cómo continua su misión de ofrecer la salvación a todos, a través de ella.

3.- Contempla a los enviados de Dios y a ti mismo entre ellos, como Moisés para servir a la casa de Dios, como sacerdotes, apóstoles y profetas que atestiguan la Palabra de Dios a sus prójimos. Da gracias por el anuncio recibido y ofrécete a renovar su consagración a esta obra, a esta colaboración con el sacerdocio de Cristo.

B) El Hijo de Dios, Sumo Sacerdote misericordioso,
que se ha asemejado en todo a los hombres

Hb 4,15-5,10: No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna. Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la recibió de quien le dijo: “Hijo mío eres tú: yo te he engendrado hoy”. Como también dice en otro lugar: “Tú eres sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec”. El cual (Cristo), habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec.

En nuestra oración:

1.- Contempla a Cristo semejante a nosotros, que no desprecia nada de lo humano, nada de ti. No rechaza a nadie, sino que, por amor al Padre, se acerca a todos: los niños, los pecadores, los enfermos y endemoniados, pero también a Herodes, a Pilato, a los fariseos, a la samaritana, a la cananea, al centurión, etc. Contempla como se acerca también a ti.

2.- Contempla a Cristo inocente, el único que no ha cometido pecado, porque es precisamente de eso de lo que viene a librarnos. Comprensivo con los pecadores, pero intransigente con el pecado. Porque hace daño, porque mata, y Él ha venido a que tengáis vida y la tengáis en abundancia.

3.- Contempla a Cristo obediente, aceptando el sufrimiento por fidelidad al Padre, ya que éste es el único camino para cumplir su plan, que es nuestra salvación. Mírale sufrir nuestros dolores para que en ningún dolor humano esté ausente la fecundidad del amor de Dios, para que en ninguna soledad esté ausente la cercanía del amor de Dios. Para salvarnos. A todos. A los que te rodean. A los que de mil modos sufren. Y también a ti.

4.- Contempla a Cristo en oración, que pide humildemente, como hijo, lo que desea y necesita, ser salvado de la muerte. Dios Padre ha escuchado su oración, aunque ¿quién lo diría viéndole en la cruz? Ha acogido su entrega (no mi voluntad sino la tuya) y ha cumplido su deseo de un modo nuevo y mucho más pleno, no frustrando nuestra redención sino llegando a la perfección de la entrega total, y después ¡resucitándolo de entre los muertos!

5.- Ofrécete al Señor, a colaborar en su obra a favor de la salvación de todos los hombres: con tu fidelidad y tu entrega obediente, asumiendo lo que les duele a los otros y haciéndolo tuyo para acercarles el amor de Dios, llevando una vida inocente y solidaria con los pecadores, una vida de intercesión y misericordia, orando por los sacerdotes y por los beneficiarios de la acción sacerdotal, los que sufren, los pecadores, todos los hombres.

Orígenes del ministerio apostólico según San Marcos
(primera parte)

ORÍGENES DEL MINISTERIO APOSTÓLICO
SEGÚN SAN MARCOS
(primera parte)
Francisco Pérez Sánchez

En este segundo retiro del Año Sacerdotal, comenzamos a contemplar cómo Jesús da inicio en el grupo de los doce al ministerio apostólico que hoy continúan los sacerdotes:

A) Origen del ministerio apostólico:
la buena nueva que Jesús trae

No se entiende el primer relato de la vocación de los pescadores (Mc 1,16-20) si no se lee en conexión con el relato que le precede, la predicación inaugural de Jesús (Mc 1, 14-15). La elección de los primeros discípulos comienza a realizar el Reino que Jesús anuncia. Reino y conversión se hacen presentes eclesialmente.

Mc 1,14-15: Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva”.
Mc 1,16-20: Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres”. Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

En nuestra oración:

– Contempla a Jesús recorriendo Galilea para anunciar “la buena noticia de Dios”, y convocando en aquellos pescadores el inicio de la Iglesia. Contempla en el ministerio apostólico a Cristo mismo que convoca a los hombres, que te convoca a ti mismo, a la Iglesia, a la conversión, al Reino. Y dale gracias.

B) Llama a un grupo de hombres diversos

Los pescadores del lago, pero también a Leví que les cobraba los impuestos (Mc 2,13-17). Pescadores y publicanos tenían intereses enfrentados. Jesús no les convoca a formar un grupo entre ellos, sino que a unos y otros les llama a seguirle. Y para todos implica renuncias. Y a todos abre una vida nueva.

Mc 2,13-17: Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?”. Al oir esto Jesús, les dice: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

En nuestra oración:

– Contempla esta diversidad también en la Iglesia de hoy, en el colegio episcopal, en el instituto, en tu comunidad parroquial, en tu propio grupo. No nos reúne la homogeneidad humana, sino el seguimiento del único y común Señor. La Iglesia se reconoce fraternidad, comunión, en cuanto se reconoce llamada y seguidora, discípula. ¿Cómo te sitúas tú en la Iglesia y entre tus hermanos? ¿Cómo vives las diversidades en la unidad del Señor?

C) Tras la predicación en parábolas,
Jesús calma la tempestad (Mc 4,35-41)

Los discípulos han escuchado sus parábolas y han contemplado sus milagros, pero ahora experimentan en su propia carne el poder salvador de Jesús. Y lo experimentan como llamada a la fe “¿A qué viene ese miedo?¿Dónde está vuestra fe?… ¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?”. La fe no se centra tanto en lo extraordinario de su actuación, cuanto en el misterio de su identidad, de su Persona.

Mc 4,35-41: Este día, al atardecer, les dice: “Pasemos a la otra orilla”. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: “Maestro ¿no te importa que perezcamos?”. Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: “¡Calla, enmudece!”. El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: “¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?” Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: “Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

En nuestra oración:

– Dialoga con el Señor, sobre las veces que le escuchas o presencias sus acciones, sin llegar a sentirte personalmente concernido. Y sobre tus miedos y faltas de fe. La fe no es mera confianza en el Señor, sino una confianza que reconoce el misterio profundo del Hijo de Dios Jesucristo.

D) La misión de los doce
(Mc 6, 6-13. 30-32)

Jesús desea llegar a todas las aldeas, y asocia a los discípulos a esta misión.

Mc 6,6-13: Y recorría los pueblos del contorno enseñando. Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas”. Y les dijo: “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos”.
Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Mc 6,30-32: Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco”. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.

En nuestra oración:

– Contempla el modo en que les envía, con qué apoyos y con qué carencias. Contémplales realizando sus primeras tareas apostólicas. Revive tus propios primeros pasos en el cumplimiento de la misión recibida.

E) La confesión de fe de Pedro
(Mc 8,27-30)

Culmina aquí la primera parte del Evangelio según san Marcos. Los discípulos, por boca de Pedro, hacen la afirmación fundamental sobre lo que de verdad importa: ¿Quién es Jesús? “Tú eres el Mesías”. Habremos de esperar hasta el final del evangelio para escuchar al centurión declararle Hijo de Dios, pero esta confesión, que encabezaba el evangelio en 1,1, está ya in nuce aquí presente.

Mc 8,27-30: Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos ¿Quién dicen los hombres que soy yo?”. Ellos le dijeron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas”. Y él les preguntaba: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo”. Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.

En nuestra oración:

– Contempla a Pedro expresando el núcleo de la verdadera fe de la Iglesia, reconociendo y proclamando la identidad profunda de Jesús. Y contempla la larga serie de sus sucesores, y de todos los sucesores de aquellos apóstoles reconociendo y profesando esa misma fe, a lo largo de la historia. El ministerio asegura la verdad de la predicación, la autenticidad cristiana de la fe, y por ello, su fuerza salvadora. Da gracias al Señor por escuchar este anuncio, por poder participar de esta proclamación, por poder colaborar, servir, al ministerio apostólico de los sacerdotes de hoy, por tu propia vocación y apostolado.

Rasgos sacerdotales en el misterio de la Navidad

RASGOS SACERDOTALES EN EL MISTERIO
DE LA NAVIDAD
Francisco Pérez Sánchez

En este tercer retiro del Año Sacerdotal, tan cercano ya a la Navidad, nos fijaremos en los personajes centrales del Misterio, para contemplar en ellos rasgos centrales del sacerdocio cristiano.

A) JESÚS

Jn 1, 12-14. Presencia del Verbo de Dios encarnado en medio de los hombres. Oferta a todos de llegar a ser hijos de Dios creyendo en el nombre del Verbo encarnado.
Natividad de Lorenzo Costa
Pero a todos los que la recibieron [la Palabra] les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad.

Mt 1, 21-23. En Jesús “Dios está en medio de nosotros” “salvando al pueblo de los pecados”.

“[María] Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta:
Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel,
que traducido significa “Dios con nosotros”.

Hb 1, 1-4. Jesús Palabra, mediador de la creación y heredero de ella (Hijo), icono del Padre, ha expiado los pecados y ahora se sienta a la derecha de Dios.

Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, llevada a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, con una superioridad sobre los ángeles tanto mayor cuanto más excelente es el nombre que ha heredado.

Flp 2,5-11. El anonadamiento de Jesucristo, que adopta la condición de siervo en fidelidad al Padre, a favor de los hombres.

Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:

El cual, siendo de condición divina,
no codició el ser igual a Dios
sino que se despojó de sí mismo
tomando condición de esclavo.

Asumiendo semejanza humana
y apareciendo en su porte como hombre,
se rebajó a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó
y le otorgó el Nombre,
que está sobre todo nombre.
Para que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en los cielos, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua confiese
que Cristo Jesús es el SEÑOR
para gloria de Dios Padre.

Para nuestra oración:

– Contempla a Jesús recién nacido como el Dios anonadado y débil, que establece la comunión de los hombres con Dios por medio del acercamiento inaudito del santo a los pecadores. Mira a este pequeño como Icono del Creador y mediador y heredero de cuanto existe. Escucha su llanto infantil como la primera predicación de la Palabra encarnada. Contempla su cuerpo fajado en pañales, el mismo que, fajado en sudario, resucitará tras realizar el sacrificio, transmitiendo su vida íntima de Hijo, a los que creen en su nombre, y llegan a ser hijos en el Hijo. Contempla a los que vienen a adorarlo como los primeros beneficiarios de su obra santificadora, sacerdotal. Dialoga con Jesús.

B) MARÍA

Lc 1, 26-38: La que pone totalmente su vida a disposición del plan salvador de Dios, aunque esto
altere profundamente sus proyectos y perspectivas, aunque esto la ponga en las situaciones más comprometedoras.

Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a un virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaba aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía quera era estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel, dejándola, se fue.

Lc 2, 19: La que convive en estrecha intimidad con el Hijo de Dios y hace de su contemplación
el tesoro de su corazón y el objeto de su vida interior, de su constante profundización.

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Lc 2, 35 y Jn 19, 26: La que acepta ser traspasada con el Hijo y por el Hijo.

Lc 2, 35. “…-¡y a ti misma [María] una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”
Jn 19, 26. Jesus, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Ap 12, 4b-5.10: La que derrota al dragón con el fruto de su vida, con su fecundidad. El fruto de su vida entregada a Dios, su hijo, trae la salvación a los hombres, el Reinado de Dios.

El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono.
Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios”.

Para nuestra oración:

– Contempla en María los rasgos sacerdotales que realizará su Hijo. La apertura total y fiel a Dios, la puesta a su servicio de la vida entera sin importar los costes, la identificación con Jesús a través de la escucha y constante meditación de lo que de Él va contemplando, hasta llegar a unirse con Él en su sacrificio, traspasada al pie de la cruz. Contémplala como la que ha dado vida al que nos da la Vida, entregando la suya propia a esta misión mediadora, como madre. María no es sacerdote, pero es la Madre del sacerdote, la que hace posible al sacerdote. Contempla en ella los rasgos que harán de Él el salvador de los hombres. Dialoga con María.

C) JOSÉ

Mt 1, 16: A través de José se enraíza el sacerdote Jesús en el pueblo de Dios.

… y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.

Mt 1, 19-25: José confía en la Palabra de Dios más allá de lo que puede comprender por sí mismo. Es el hombre de la escucha, el silencio y la acción. Realiza al instante y con toda exactitud lo que Dios le pide en cada momento. Se suele decir que aparece poco, pero no es cierto, aparece 14 veces en el Nuevo Testamento. Nunca habla: escucha y cumple. Es el hombre fiel, que renuncia a una paternidad biológica y a una vida marital normal, porque se consagra totalmente al servicio del Hijo y de su Madre. Son rasgos muy importantes para el sacerdote.

Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado.
Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta:
Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel,
que traducido significa “Dios con nosotros”. Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

Para nuestra oración:

– Contempla a José como el que, tras María, está más cerca de Jesús, le contempla más de cerca, mejor le conoce y mejor le sirve, más le ayuda. Dialoga con José, que te cuente como vivió, por ejemplo, aquel episodio del Templo (Lc 2,40). Aprende de él el servicio amante y humilde.

Orígenes del ministerio apostólico según San Marcos
(segunda parte)

ORÍGENES DEL MINISTERIO APOSTÓLICO
SEGÚN SAN MARCOS
(segunda parte)
Francisco Pérez Sánchez

Retomamos el camino iniciado antes de Navidad: Jesús elige a los futuros apóstoles. Entonces contemplábamos sus primeros pasos en el seguimiento del Maestro. Este mes, la segunda etapa del camino, cuando Jesús se dirige decididamente ya hacia Jerusalén, donde consumará su entrega sacrificial en la cruz. Pero recordemos que nuestro objetivo no es hacer un tratado bíblico sobre el sacerdocio, sino retirarnos, entrar en escucha y diálogo con el Señor, renovando nuestra propia consagración a Él de la mano de los apóstoles a los que Jesús quiso asociar a su único sacerdocio.

Introducción: A partir de la confesión de Pedro en Cesarea (“Tú eres el Mesías”: Mc 8,27-30), Jesús comienza una nueva etapa en relación con los discípulos. Quiere comunicarles “abiertamente” en qué consiste su mesianismo, y a qué meta dirige sus pasos aquél que les ha llamado a seguirle. No va a Jerusalén para ser coronado y triunfar, sino para ser rechazado hasta sufrir la muerte y resucitar.

Los discípulos manifiestan abierto rechazo (Mc 8,32), o más moderadamente incomprensión y temor (Mc 9,32). Frente a esta preocupación de Jesús, resulta chocante que la preocupación de los discípulos sea ser “el más importante” (Mc 9,33-37) o sentarse en los primeros puestos (Mc 10,35-45). Será un agraciado por Jesús, no perteneciente al grupo de los Doce, Bartimeo, quien presente la imagen perfecta del seguidor del Señor (Mc 10, 46-52).

Para nuestra oración:

A) LOS TRES ANUNCIOS DE LA PASIÓN, LAS REACCIONES DE LOS DISCÍPULOS Y
LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

Lee: Puedes leer de corrido estos dos capítulos, Mc 8,31-10,52.

Puedes centrarte en uno de los tres anuncios de la Pasión, junto con el pasaje siguiente sobre la actitud de los discípulos:

1º anuncio + reacción de Pedro
(Mc 8,31-32 + 8,33-38)

“Y Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: “¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.
Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

2º anuncio + quién es más importante
(Mc 9,30-32 + 9,33-37)

Y saliendo de allí, iban caminado por Galilea; él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le mataran y a los tres días de haber muerto resucitará”. Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntaba: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quien era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que reciba a un niño, como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado”.

3º anuncio + sentarse a derecha e izquierda
(Mc 10,32-34 + 10,35-45)

Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: “Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán y le matarán, y a los tres días resucitará”.
Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: “Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos”. Él les dijo: “¿Qué queréis que os conceda?” Ellos le respondieron: “Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?” Ellos le dijeron: “Sí, podemos”. Jesús les dijo: “La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mí derecha o a mí izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado”. Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes les oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”.

• Observa que, en los tres casos Jesús responde con una enseñanza y una invitación a seguirle (“¡ponte detrás de mí!” (Mc 8,33); “llamó a los Doce” (Mc 9, 35); “¿podéis beber el cáliz?” (Mc 10,38).

• Observa que Jesús no les rechaza por su incomprensión o por tener intereses y metas divergentes con los suyos. Ni siquiera en el caso de Pedro, cuando le llama “Satanás”. Jesús rechaza que Pedro se constituya en maestro del Señor imponiendo la mentalidad de los hombres, en vez de seguir el plan de Dios, y rechaza por tanto su propuesta, pero a él le llama a ser discípulo, a seguir aprendiendo “detrás” de Jesús. Jesús llama pacientemente a profundizar en el seguimiento, no desespera de ellos, enseña y llama.

• Observa el pequeño pero real progreso de los discípulos, guiado por las enseñanzas y reacciones de Jesús: de (1º) reprender a Jesús (ponte detrás de mi), a (2º) no entender y temer preguntar (los llamó y les habló) y a (3º) estar espantados (les invita a compartir su cáliz). La oposición de los discípulos cada vez se expresa menos, aunque es siempre fuerte, mientras la reacción de Jesús va de llamar a Pedro Satanás a invitar a los de Zebedeo a participar de su destino.

Medita: ¿Cuál es tu historia con Jesús? Seguir al verdadero sacerdote implica seguirle hasta el sacrificio y la vida nueva. ¿Cuáles son tus resistencias, silencios y temores? ¿Cuáles son tus búsquedas y deseos que contradicen a lo que Jesús te propone? ¿Has experimentado la paciencia de Jesús contigo? ¿Te ha renovado la llamada y ayudado a comprender con más hondura? ¿No te admira que te invite de nuevo a entregarte con Él, pese a todas tus durezas, despistes y “mentalidades humanas”? Pídele hacer la voluntad de Dios.

B) EL CIEGO BARTIMEO

Lee: Bartimeo (Mc 10,46-52) es el modelo del que “sigue a Jesús por el camino” (Mc 10,52) hacia Jerusalén, a donde entrará enseguida. Jesús le ha “abierto los ojos”, en contraste con la “ceguera” de los discípulos. Ha cobrado ánimo ante la intuida presencia de Jesús, ante su llamada, que Jesús encarga que le comuniquen, ante el interés de Jesús por Él. Ha arrojado el manto con que cubría su postración. El que estaba fuera del camino y parado, de un salto camina hacia Jesús. Y por su fe en el Señor, ahora, por fin “ve”. Y por eso “camina”. Siguiendo a Jesús.

Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado por sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!” Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llamadle”. Llaman al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate! Te llama” Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: “¿Qué quieres que te haga?” El ciego le dijo: “Rabbuní, ¡que vea!” Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Medita: Revive tu historia, la de la misericordia de Jesús contigo. Y pídele: “¡Señor, que vea!”. Y salta hacia Él, arrojando lo que te cubre. Y renueva tu ofrecimiento de seguirle hasta el sacrificio perfecto de la cruz.

Cuaresma en clave sacerdotal

CUARESMA EN CLAVE SACERDOTAL
Francisco Pérez Sánchez

Estamos iniciando la santa cuaresma en este año sacerdotal.
Puestos delante del Señor acojamos los tres medios que Él mismo nos propone (oración, ayuno, limosna), a través de su Iglesia, para vivir este camino de preparación, no a la simple conmemoración de su Pasión, Muerte y Resurrección, sino a la actualización de ese Misterio en nuestras vidas, camino de la Pascua definitiva.

Punto de partida: El Miércoles de Ceniza, como pórtico de la Cuaresma, escuchábamos en Mt 6, 1-6.16-18, la propuesta que el Señor nos hace para recorrer este camino: los tres “bastones” o ayudas que son la oración, el ayuno y la limosna. Pero antes, el Señor nos previene de no buscar “hacer vuestra justicia ante los hombres para ser vistos por ellos”. Meditemos hoy estos cuatro puntos, en clave de espiritualidad sacerdotal.

A) Mt 6, 1: NO PARA QUE OS VEAN LOS HOMBRES

Mt 6, 1: No hagáis el bien para que os vean los hombres, porque entonces vuestro Padre celestial no os recompensará.

Estas palabras son extrañas. ¿No nos acaba de encomendar el propio Señor en Mt 5,13-16 que brille nuestra luz “delante de los hombres” para que “vean” nuestras “buenas obras” y “glorifiquen al Padre”? Ciertamente el Señor no quiere que su Iglesia pase desapercibida, pero para que nuestro testimonio y nuestro anuncio sean auténticos, han de nacer de una búsqueda genuina de la verdad ante Dios. Sin que nos importen las opiniones de los demás, sino en la verdad desnuda de nuestra realidad ante Dios. Quien vive con alma sacerdotal ha de ser ante todo y sobre todo alguien totalmente entregado a Dios, cuya meta, criterio y esperanza están puestas sólo en Él. Solo así podemos ser icono de Cristo, que ha venido a ser mediador de la comunión con el Padre. ¿Vivo yo esa libertad ante los juicios ajenos? ¿Es Dios mi juez y mi referencia? ¿Me siento así libre de prejuicios y condicionamientos para vivir y anunciar la fe?

B) Mt 6, 2-4: LA LIMOSNA

Mt 6, 2-4: Por eso, cuando des limosna, no vayas pregonándolo, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

En el modo de dar limosna se refleja esa búsqueda de la discreción, a fin de que lleguemos a hacer las cosas por Dios y para Dios, no para que los demás piensen bien de nosotros. Convertir la caridad en espectáculo o en propaganda, es desnaturalizarla. Lo sacerdotal está en la auténtica caridad por amor a Dios y al prójimo, sin instrumentalizar nunca al hermano necesitado. Eso sería lesionar su dignidad de hijo de Dios, de imagen de Dios, tratarlo como mero medio. ¿Cómo vivo yo mis relaciones con los demás, sobre todo con los que necesitan mi ayuda? ¿Con respeto a su dignidad, como si fueran la persona más importante en mi vida, o como una carga, como un trámite obligado, o como un pasaporte a la buena fama?

C) Mt 6, 5-6: LA ORACIÓN

Mt 6, 5-6: Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.

La oración como intimidad absoluta con Dios. También la comunitaria. A veces vivimos la oración personal como desierto y la comunitaria como formalidad, o como espectáculo. Nos importa más “que sea participada”, que todos hablen o hagan algo, más que la hondura del encuentro tú a tú con el Señor. Y en lo personal, nos importan más los sentimientos que Dios nos despierta, que Dios mismo. A veces, demasiadas veces. El desierto no aleja de Dios, aunque sólo se perciba aridez, y no el gozo de su cercanía. La frivolidad, el espectáculo y el formalismo, la matan y desvirtúan. Un espíritu sacerdotal vela sobre todo por la “calidad interior” de la liturgia y la oración, sin perderse en formalidades ni en pedagogías. ¿Cómo vivo yo el progreso hacia una intimidad verdadera con el Señor, en privado y en comunidad?

D) Mt 6, 16-18: EL AYUNO

Mt 6, 16-18: Cuando ayunéis, no andéis cariacontecidos como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, de modo que nadie note tu ayuno, excepto tu Padre, que está en lo escondido. Y tu Padre, que ve hasta lo más escondido, te premiará.

¿Poner cara triste?. Un espíritu sacerdotal hace de Dios mismo su heredad, su amor, su único bien, y sólo esa actitud interior hace posible y explica todos los rasgos de su vida. ¿Me entristece privarme de ciertos bienes de la vida, ayunar? ¿Pongo cara de pena cuando me veo privado o elijo privarme de ciertos disfrutes, legítimos pero prescindibles? ¿He comprendido que mi único bien y alegría es el Señor? ¿Puede percibirlo en mi alegría quien conmigo se encuentra? ¿Me alegro de tener ocasión para ejercitarme en el desprendimiento, en la renuncia abnegada, o prefiero la comodidad tranquilona? Me doy cuenta de que estoy todavía demasiado apegado a las cosas, situaciones y personas, buscando en ellas la felicidad que sólo Dios promete y realmente da?

Ejercicio alternativo

La liturgia del Miércoles de Ceniza excluía los versículos 7 al 15, sobre el Padrenuestro. Pero en nuestro retiro, no tenemos porqué hacerlo. Quizá hoy, para ti, mejor que las meditaciones propuestas, sea rezar tranquilamente, repetidamente, al ritmo de la respiración, dejando que cada palabra te sugiera mil significados antiguos y nuevos… el Padrenuestro. ¡Sería un día magnífico si en todo el retiro no hicieras otra cosa que repetir esta oración “fiel a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza”.

Mt 6, 7-15: Y al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho. No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis. Vosotros orad así:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo;
danos hoy el pan que necesitamos;
perdónanos nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación;
y líbranos del mal,
Porque si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

La plenitud del sacerdocio

LA PLENITUD DEL SACERDOCIO
Francisco Pérez Sánchez

resurreccion_grecoLa entrega libre de su propia vida, como sacrificio perfecto, que Jesucristo ofrece al Padre a favor de los hombres, para el perdón de los pecados, constituye la realización plena del sacerdocio. Esta entrega es aceptada por Dios Padre, que resucitó a su Hijo y le ha sentado a su derecha, desde donde ha derramado el Espíritu sobre su Iglesia a fin de que este acto salvador se perpetúe en la historia y afectando a todos los hombres prepare el momento glorioso de su segunda venida. Este retiro y la inminente Semana Santa son mi gran ocasión para ahondar en estas realidades y vivirlas de un modo nuevo.

1.- ENTREGA LIBRE DE LA PROPIA VIDA

Jn 10, 17-18. En esto se ve que me ama mi Padre: en que yo doy mi vida, para recobrarla de nuevo; nadie me la quita, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo poder para darla y tengo poder para recobrarla de nuevo. Este mandato recibí de mi Padre.

Mt 26, 38-39. Jesús les dice: Mi alma está llena de tristeza mortal. Quedaos aquí y velad conmigo. Y, adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, rezando con estas palabras: «¡Padre mío!, si es posible, pase lejos de mí este cáliz; pero no como yo quiero, sino como quieres tú».

El sacerdocio de Cristo es ante todo un cumplir la voluntad del Padre. Así deshace el camino de alejamiento que nuestras desobediencias han avanzado. ¿Cómo vivo yo mi entrega confiada en la voluntad del Señor? Pido en mi oración que Él me ayude a que se cumpla mi voluntad, o pido que se haga su voluntad y yo la ame y la cumpla?

2.- SE OFRECIÓ AL PADRE

Lc 23, 46. Dando una gran voz, Jesús dijo: «¡Padre, a tus manos confío mi espíritu!». Y, al decir esto, expiró.

Ef 5, 1-2. Haceos imitadores de Dios como hijos queridos, y dejaos conducir por la caridad, como también Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave fragancia.

Hb 9, 14-15. La sangre de Cristo, que, en virtud del espíritu eterno, se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios, purificará nuestro interior de obras muertas, para servir a Dios vivo. Precisamente por esto es mediador de una alianza nueva: para que los llamados reciban la herencia eterna prometida.

El sacerdocio de Cristo no es filantropía. Su dimensión religiosa no es un elemento cultural secundario. Es el centro mismo de su Persona, su obra y su misterio. ¿Tengo yo claro que mi entrega, unido a Cristo, es entrega a Dios, y no solo a las cosas de Dios o a las obras o a las gentes, sino a Dios mismo? De ello depende la auténtica fecundidad de mi servicio a las personas y las instituciones. Y en el fondo la autenticidad y felicidad de mi propia vida. Dios queda, demasiadas veces, obviado, dado por supuesto, en lugar de ocupar, como para Cristo, el centro mismo de nuestra conciencia. ¿Cómo voy a traer más aún al primer plano de mi conciencia y mis expresiones esta centralidad de Dios?

3.- A FAVOR DE LOS HOMBRES, PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS

Mt 26, 27-28. «Bebed todos de él, pues esto es mi sangre de la alianza, la derramada en favor de muchos para perdón de los pecados».

Gal 2, 19-20. Estoy crucificado con Cristo, y vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y la vida terrena de ahora la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Medita estos tres aspectos:
A) La entrega sacerdotal de Cristo rehace a los hombres, los transforma en justos (justificación). No es un perdón externo (no tener más en cuenta los pecados) sino interno (nos transforma en lo que Él mismo es: justo, Hijo).
B) La entrega sacerdotal de Cristo es “por muchos”, por la humanidad, beneficiarse de ella no es automático, sino que exige respuesta por nuestra parte, pero es una posibilidad real para todos, y hay que ofrecérsela.
C) Me concierne, como a Pablo, en primera persona, es mi gran oportunidad. ¿Acogeré de modo renovado esta entrega?

4.- ACEPTADO POR EL PADRE QUE LE RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS Y
SE SENTÓ A SU DERECHA, EL SACRIFICIO SACERDOTAL DE CRISTO CONTINÚA EN SU IGLESIA POR OBRA DEL ESPÍRITU,
Y EN PARTICULAR EN LA EUCARISTÍA.

Col 1, 24-25. Me alegro de mis sufrimientos por vosotros, y, por mi parte, completo en mi carne lo que falta de las tribulaciones de Cristo, por el bien de su Cuerpo, que es la Iglesia, de la que yo fui constituido servidor conforme al encargo de Dios que me fue encomendado para vosotros: dar cumplimiento a la palabra de Dios.

Lc 22, 19. «Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío».

En mi vida, entregada al servicio de los hermanos, y en cada Eucaristía celebrada, se hace presente y operante la entrega sacrificial del Señor. ¿Cómo estoy viviendo esta realidad y como renovarla en esta Semana Santa?

Todos sacerdotes unidos al único sacerdote

TODOS SACERDOTES UNIDOS AL
ÚNICO SACERDOTE
Francisco Pérez Sánchez

Casi sin darnos cuenta llegamos al final de este ciclo de retiros sobre el sacerdocio, con motivo del Año Sacerdotal. Vamos hoy a dar gracias a Dios, que nos llama a ser colaboradores, servidores, del único Sacerdocio de Cristo, a cada uno según nuestro carisma. Fijémonos para ello en el sacerdocio bautismal de todos los fieles.

1.- LA OBRA DE LA GRACIA BAUTISMAL

Toda la comunidad cristiana es sacerdotal, en cuanto que está unida a Cristo y es su Cuerpo. Al incorporarnos a Cristo y a su Iglesia, por la fe y los sacramentos del bautismo y la confirmación, entramos “a formar parte de su Pueblo” y somos “para siempre miembros de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey”, como dice la oración de la Crismación bautismal. Este sacerdocio de todos los fieles, aunque sea esencialmente y no solo en grado, diferente del sacerdocio ministerial de los obispos y presbíteros, está íntimamente unido a Él. El sacerdocio jerárquico está ordenado a hacer posible el sacerdocio bautismal de todo cristiano. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, es un medio del que Cristo se sirve para construir y guiar a su Iglesia para que cumpla su vocación propia.

Para nuestra oración:

Recordando tu propio bautismo, dialoga con el Señor y pide su luz y su ayuda. ¿Cómo estoy viviendo mi vida cristiana como entrega a Cristo y con Cristo? ¿Cómo me estoy ofreciendo en las tareas de cada día, en mis obras de apostolado, en la fidelidad a mi propia vocación, viviendo mi sacerdocio bautismal? ¿Me doy cuenta de que ser cristiano no consiste simplemente en hacer cosas buenas, sino en unirse a Cristo y entregarse con Él? ¿Cómo estoy favoreciendo en mis hermanos la conciencia de que su entrega está unida a la de Cristo? ¿Estoy ayudando a los sacerdotes a vivir su vocación como entrega a Cristo y con Cristo y al servicio de la entrega de todos sus hermanos al Señor, al servicio del pleno desarrollo de la gracia bautismal en la vida de sus comunidades?

2.- SUS RAÍCES BÍBLICAS

A) EL SACERDOCIO DE TODOS LOS FIELES EN EL APOCALÍPSIS

Juan, saludando a las Siete Iglesias, les dice:

Ap 1, 5-6. Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra, nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Luego los Ancianos cantan:

Ap 5, 9-10. Fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra.

Y más adelante dice:

Ap 20, 6. Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.

Para nuestra oración:

Nuestra primera participación en el sacerdocio de Cristo es pasiva: recibimos su amor y somos lavados por su sangre. ¡Dale gracias al Señor por tu bautismo, por tu vocación, y porque ha pagado el precio de tu propia salvación! Deja que esta acción de gracias haga crecer tu alegría y tu esperanza.

Nos ha hecho un Reino de Sacerdotes para nuestro Dios. La Iglesia es para Dios. Tú eres para Dios. Ofrécete a Él, entrega sacerdotalmente tu propia vida, y cuanto la compone en este momento, al Señor.

Reinan sobre la tierra. Somos libres, no esclavos de nada en este mundo. ¿Te estás dejando atar por algo o a algo? Reinar es pastorear, cuidar del bien de los demás, conducir a todos al Señor. ¿Cómo se traduce mi sacerdocio bautismal en mi caridad con el prójimo y mi celo apostólico? ¿Le estoy consagrando la Tierra, esto es, no solo las personas, sino todas las realidades de la sociedad y aún del mundo material?

B) EL SACERDOCIO DE TODOS LOS FIELES
EN LA PRIMERA EPÍSTOLA DE SAN PEDRO

San Pedro nos dice:

1 Pe 2, 4-5. Acercándoos a Cristo, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.

Y poco después:

1 Pe 2,9. Vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz.

Para nuestra oración:

Acercarnos a Cristo. Esta es nuestra primera vocación: “Ven y sígueme”. Solo así entramos en la construcción de Dios. ¿Estoy ofreciéndole todas las cosas de mi vida como sacrificio espiritual, como cosa suya, puesto que yo estoy unido a Cristo?

Anunciar las alabanzas. ¿Es mi vida una alabanza y un anuncio? ¿Cómo estoy viviendo la oración y la alabanza? ¿Cómo el trabajo y la vida comunitaria? ¿Soy valiente para anunciar al Señor, o me escondo a veces acomplejado? ¿Vivo y anuncio su luz? ¿Me dejo sacar de mis tinieblas y ayudo al prójimo a salir por medio de Jesucristo?