Área privada

Síguenos

Jueves Santo - Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote
1134
page-template,page-template-nouveau,page-template-full_width,page-template-nouveaufull_width-php,page,page-id-1134,page-child,parent-pageid-54,ajax_fade,page_not_loaded,,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.5,vc_non_responsive
 

Jueves Santo

Hora Santa 1

Descargar guía monitor Descargar hoja para repartir

AMBIENTACIÓN

Queremos estar una hora con Jesús. No tengamos prisas, soseguémonos. Junto a Jesús, el tiempo tiene sabor de eternidad. Son muchas las cosas que tenemos que recordar, agradecer, pedir… Son, sobre todo, muchas las cosas que tenemos que escuchar. Necesitamos tiempo para “estar”. En silencio,sintiendo su presencia. Es una hora para prolongar la contemplación del amor inmenso que hemos celebrado esta tarde. Abrámonos a ese fuego misterioso que no se apaga, sino que crece y nunca muere. Escuchemos y miremos, miremos a Cristo, que está amando entrañablemente a Dios y a todos los hombres, a todos
nosotros.

CANTO

El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa.


 

PRESENTACIÓN DE SIGNOS DEL JUEVES SANTO

PAN Y VINO

Jesús nos abre su corazón con su palabra y con su alimento. Se entrega. “Me doy por vosotros para que podáis vivir, para que podáis creer en mi amor y en el amor del Padre, y para que os améis de la misma manera los unos a los otros”.

JOFAINA Y TOALLA

Jesús se arrodilla en el lavatorio para tocarnos donde está nuestra peor herida y curarnos los pies que se han ensuciado con el polvo de la tierra y se han herido con los trozos de vidrio del camino.

ESTOLA

Jesús, semejante a nosotros en todo menos en el pecado, e igual al Padre, ha abajado su divinidad hasta el hombre, y ha elevado su humanidad hasta Dios. Así es para nosotros Sacerdote. Se ofrece por nosotros a Dios, vive y muere por nosotros, en obediencia al Padre. Quiere que donde él esté, estemos también nosotros. Nos cuida como buen pastor: somos suyos, el Padre nos ha puesto en sus manos y en su corazón.

ACCIÓN DE GRACIAS

Señor Jesús, te agradecemos el legado de tu amor, que nos has regalado en la Eucaristía.
Te damos gracias cada vez que nos tocas con tus manos sanadoras y amorosas, cada vez que nos atraviesas completamente con tu amor, que nos haces uno contigo.
Tú que te has entregado por nosotros, concédenos un corazón dispuesto a acogerte, para que puedas curar nuestras heridas y humillaciones.
Te damos gracias, porque tu palabra de amor se hace carne en nosotros.

SILENCIO

CONTEMPLACIÓN DE GETSEMANÍ

Queremos acompañar a Jesús, después de la Cena, en el huerto de los olivos.
Getsemaní es el sufrimiento del alma, es oscuridad y turbación, miedo y tentación, angustia y agonía. Jesús asume todo ese inmenso dolor del alma. Es como penetrar en la noche de la oscuridad, de la debilidad, de la tristeza y depresión, del absurdo y del rechazo. Al asumirlo, lo redime. Es la respuesta de Dios a todas las agonías del hombre.

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos:
“Sentaos aquí mientras voy allá a orar”.Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir.
Quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y suplicaba: “¡Abba, Padre!, si es posible que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.”

SILENCIO

REFLEXIÓN

Contemplamos a Jesús en esta agonía. Era consciente de lo que iba a padecer, de los dolores crueles del tormento. Iba a asumir los pecados del mundo: iba a dejarse herir por el odio, por el mal. Y muchos no reconocerían ni agradecerían esta entrega. Sintió pavor y angustia hasta el punto de morir.

SILENCIO

Jesús en su angustia acude al Padre y a sus discípulos. ¿A quién acudimos nosotros?

SILENCIO

En nuestras noches, vayamos a él. Nunca nos decepcionará y nunca nos dejará.

DESDE LO HONDO

Desde lo hondo de mi soledad, a ti grito, Señor.
Desde lo hondo de mi confusión y de mi agitación,
de mi ansiedad y miedo, a ti grito, Señor.
Desde lo hondo de mi dispersión y de mi superficialidad,
desde mi cansancio y agotamiento, a ti grito, Señor.
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos al clamor de mi súplica.

Desde lo hondo de mi vaciedad y orgullo,
de mi ceguera, de mis cobardías y fracasos, a ti grito, Señor.
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos al clamor de mi súplica.

No tengas en cuenta mis fallos, Señor,
si no, ¿quién podrá resistir?

El perdón es cosa tuya, y de ti viene la salvación.
Yo te aguardo, te estoy esperando,
estoy a la escucha de tu palabra.
Te aguardo, Señor, más que el centinela la aurora.

Yo espero que llenes mi soledad, Señor,
que aclares mi confusión,
que serenes mi agitación.
Yo espero que calmes mi ansiedad y miedo,
que suavices mi cansancio, Señor.
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos al clamor de mi súplica.

Yo espero que colmes mi vaciedad, Señor,
que allanes mi orgullo,
que me animes en el fracaso,
que ilumines mi ceguera.
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos al clamor de mi súplica.

Yo espero en ti, Señor, como el centinela la aurora,
como el enfermo el amanecer.
Yo espero en ti, Señor, como el enamorado a la novia,
como el labrador la siega,
como el alpinista llegar a la cumbre.

Desde lo hondo de mi ser, a ti grito, Señor,
porque la misericordia es cosa tuya,
y la liberación es para el que a ti acude.
Desde lo hondo a ti grito, Señor,
¡sálvame!.

ECO

Os invitamos a que cada uno haga suya esta oración, con el eco de alguno de los versos. Y a hacer también nuestro, en el silencio, cada uno de los ecos que se pronuncien, uniéndonos así en oración los unos por los otros.

CANTO

Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Mi alma espera en el Señor,
mi alma espera en su palabra,
mi alma aguarda al Señor
porque en él está la salvación.


 

SIGNO: UNA RAMA DE OLIVO

El Señor nos rescata de lo más profundo de nuestras tristezas y dolores poniendo ante nosotros el sufrimiento de los demás. Nos invita a acompañarles, a consolarles, a orar con ellos y por ellos. Permaneciendo con los que sufren, permanecemos con Jesús en el huerto de los olivos.

DEL MISMO EVANGELIO

Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos. Y dice a Pedro: “¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para que no caigáis en la tentación: que el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Y alejándose de nuevo por segunda vez, oró así: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.”

TEXTO PARA ESCUCHAR

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Te grito, Dios, y tú estás distante.
Te grito, Dios, y no tienes palabra para conmigo.
Te grito de noche, y mi voz se pierde en el eco.
Te grito y no me haces caso, ¡Dios, Dios mío!
Me has dicho que tú pones a salvo a quien confía en ti.
Nuestro pueblo sabe que a quienes gritaron, tú les liberaste,
a quienes ponían en ti su confianza, nunca les defraudaste.
¡Ahora no siento nada de eso! ¡ahora no entiendo!
Sólo se gritar, Dios mío, a solas con mi grito.
Me siento como un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio de muchos;
y mi corazón me dice que se ríen de mí
porque he acudido a ti, para que me pongas a salvo.

Tú me llamaste a la vida,
me guardaste entre tus manos.
Tú eres mi Dios, aunque ahora nada siento.
No te quedes lejos, Dios mío,
que el peligro está cerca y nadie me socorre.
Estoy rodeado de violencia.
Estoy como agua derramada.
Tengo el corazón como cera
que se derrite en mis entrañas.
Tengo la garganta seca como tierra sin agua.
La lengua se me pega al paladar.
Me siento apretado contra el polvo de la muerte.
Me veo despojado, desnudo, sin fuerzas.
Soy como un payaso de quien todos se ríen.
Tú, Señor, fuerza mía, no te quedes lejos,
ven corriendo a auxiliarme.
Mira mi vida, mi única vida, y sálvala.

Aunque no te veo, aunque me siento abandonado,
aunque me encuentro solo en la prueba,
aunque no tengo fuerzas para resistir,
aunque la tentación se hace dura en mis carnes,
tú seguirás siendo mi Dios en quien confío.
Yo seré como un niño abandonado en los brazos de su madre.
Diré a las gentes que tú eres misericordia
para este pobre desgraciado,
que tú eres compasión para mi vida rota,
que tú eres mi salvador en la oscuridad de la noche.
Soy un desvalido y espero comer de tu don hasta saciarme.
Te alabo, aunque no veo tu rostro.

Yo digo a mi corazón: ¡no pierdas nunca el ánimo!
Estoy ante ti esperando que me des la vida.
Seré tu amigo y te seguiré fiado en tu fidelidad.
Yo saldré nuevo de tus manos,
y a mi corazón le nacerán alas como de águila.
Y cantaré en mi libertad:
en medio del dolor acudía al Señor
y él me libró.
Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Salvador.
Tú eres cercano y amigo del hombre.

CANTO

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


 

DEL MISMO EVANGELIO

Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

CANTO

Quedaos aquí, y velad conmigo. Velad y orad. Velad y orad.


 

DEL MISMO EVANGELIO

Viene entonces donde los discípulos y les dice: “Ahora ya podéis dormir y descansar.
Mirad, ha llegado la hora en que el hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos, vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.”

REFLEXIÓN

En muchas ocasiones, no sabemos acompañar a Cristo. Como los discípulos, no somos conscientes del momento que viven nuestros hermanos: quienes sufren persecución, hambre, soledad, enfermedad, vacío. Vamos a suplicar al Señor que nos conceda acoger de tal manera su amor en nosotros, que lo transmitamos a las personas con las que nos encontramos en nuestro camino.

ORACIÓN DE PETICIÓN

R/ Señor, aumenta mi fe.

  • Quiero estar cerca de ti. R/
  • Quiero escuchar tu palabra. R/
  • Quiero confiar en ti. R/
  •  Quiero disipar mis dudas. R/
  • Quiero superar mis miedos. R/
  • Quiero seguir tus pasos. R/
  • Quiero ser tu testigo. R/

R/ Señor, aumenta mi amor.

  • Para que aprenda a perdonar. R/
  • Para que sepa compartir. R/
  • Para que me acostumbre a lavar los pies. R/
  • Para que tienda la mano al hermano, R/
  • Para que llegue a ser eucaristía. R/
  • Para que aprenda a amar como tú. R/

 

R/ Te damos gracias, Señor.

  • Por tus palabras de vida R/
  • Por el lavatorio en la cena. R/
  • Por el pan y vino de la eucaristía. R/
  • Por tu amor hasta la muerte. R/
  • Por tu presencia permanente. R/

 

CANTO

De noche iremos, de noche,
que para encontrar la senda,
sólo la fe nos alumbra,
sólo la fe nos alumbra.

Hora Santa 2

Descargar guía monitor Descargar hoja para repartir

AMBIENTACIÓN INICIAL

Esta hora responde a nuestro deseo de estar con Jesús, de seguir muy cerca de él. Queremos recordar y agradecer; recordar y guardar en el corazón lo que celebramos en la Cena vespertina: palabras, gestos, signos…; agradecer su presencia. Queremos mirar a Jesús y que él nos mire, siempre con los ojos del corazón. Su mirada nos envuelve en ternura divina.
Cerca de Jesús, para estar con él, para no abandonar al Señor en la soledad…, para entrar en el dolor de Getsemaní, silenciosamente, humildemente, en adoración ante el misterio sagrado del amor hasta el extremo que se entrega.

ORACIÓN
  • En tu noche triste, R/ queremos rezar contigo.
  • En tu hora difícil, R/ queremos rezar contigo.
  • En tu lucha y agonía, R/ queremos rezar contigo.
  • Cuando todos te abandonan, R/ queremos rezar contigo.
  • Cuando Judas te traiciona, R/ queremos rezar contigo.
  • Cuando el Sanedrín prepara tu condena, R/ queremos rezar contigo.
  • Los discípulos duermen. R/ queremos rezar contigo.
  • Los soldados te prenden. R/ queremos rezar contigo.
  • Pedro te niega tres veces. R/ queremos rezar contigo.
CANTO

Nada nos separará, nada nos separará,
nada nos separará del amor de Dios.


 

AMOR HUMILDE, SERVICIAL

INVITACIÓN A CONTEMPLAR

A través de los signos del lavatorio de los pies – la toalla, la jofaina-, contemplemos el amor humilde, servicial de Jesús. Guardemos en el corazón sus gestos, cómo nos ha amado, cómo nos ha servido… Y asombrémonos, sobre todo, de Quién nos ha amado así, Quién se ha puesto así a nuestros pies para servirnos: ¡el Señor!, ¡el Hijo de Dios que ha tomado nuestra carne!

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Dijo Jesús:
– ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “El Maestro” y “El Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. En verdad os digo: no es más el siervo que su señor, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo Ponéis en práctica.

CANTO

El alma que anda en amor
ni cansa ni se cansa. Oh…

 

PARA LAVAR LOS PIES

Para lavar los pies se necesita
un poco de agua limpia en la jofaina;
una buena toalla, blanca y limpia;
y unas manos limpias, preparadas,
que ofrezcan con el agua la ternura,
que den seguridad con la toalla;
y unos ojos bien limpios, penetrantes,
que ofrezcan el amor de la mirada
y que aumenten el agua del lavado
con tiernas, abundantes, propias lágrimas;
y un corazón del todo limpio y grande
que meta al hermano en sus entrañas;
y unos labios muy limpios que regalen
besos y besos, más que gotas de agua;
y un frasco de perfume muy costoso
como signo de aprecio y elegancia.
Lavar los pies a los pobres significa
descender y bajar hasta sus plantas,
despojarte de mantos y vestidos
y pedirles perdón por la distancia;
ofrecerles, humilde, tus servicios
y abrirles los caminos del mañana.


 

AMOR FECUNDO Y DURADERO

INVITACIÓN A CONTEMPLAR

Contemplemos este amor de Jesús, fecundo y duradero, en los signos de la Eucaristía: el pan, la jarra de vino, el sagrario.
Adoremos su presencia permanente. Agradezcamos el inmenso amor que le ha llevado a hacerse para nosotros comida y bebida de salvación: para unirnos más a él en comunión, para transformarnos según él, para unirnos en fraternidad entre nosotros, para que permanezcamos en él.

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo poda, para que dé más fruto.
Permaneced en mí, como yo en vosotros. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.

CANTO

Oh, oh, oh, adoramus te, Domine.
Oh, oh, oh, adoramus te, Domine.


 

AMOR ENTREGADO Y SOLIDARIO

 INVITACIÓN A CONTEMPLAR

Contemplemos este amor entregado y solidario de Jesús en los signos del sacerdocio: la estola, la casulla. Un amor que se define por el servicio y que se da. Un amor que construye un puente con su propia carne para llevarnos a Dios. Un amor que acerca lo lejano, lo distante, a la intimidad de Dios. Un amor que intercede. Un amor que nos invita a unirnos a su movimiento de entrega, de donación, de intercesión, de mediación.

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

En verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo, infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que vive preocupado por su vida, se pierde; en cambio, quien no se aferre a ella en este mundo, la guardará para una vida eterna.
Si alguien quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor.

CANTO

Ven, no apartes de mí los ojos,
te llamo a ti, te necesito
para que se cumpla en el mundo
el plan de mi Padre.

Os invitamos a hacer juntos la siguiente oración, y luego a hacer cada uno un signo de adoración, acercándose ante el sagrario, y haciendo cada uno según pueda un gesto –un momento de rodillas, una inclinación reverente, un genuflexión-, pidiendo cada uno en silencio el amor que necesita.

PARTÍCIPES DE ESTE AMOR

Ayúdanos, Padre,
a amar como Jesús nos ha amado.
Él nos amó como Tú lo amabas,
y así puso en la tierra un amor divino,
como un fuego que ya nadie puede apagar.
Haznos partícipes de este amor.
Amor de Dios,
amor de hermano,
amor divino,
amor humano.
Amor que acoge,
amor regalo,
amor servicio,
amor abrazo.
Amor amigo,
amor no amado.
Amor “señor”,
amor esclavo,
amor tan grande,
anonadado.
Amor que muere,
resucitado.
Amor de Cristo,
eternizado.

SE CANTA MIETRAS SE REALIZA EL SIGNO

Ubi caritas et amor,
ubi caritas, Deus ibi est.


 

AMOR FIEL EN LA NOCHE DEL MIEDO Y DEL DOLOR

 INVITACIÓN A ACOMPAÑAR A JESÚS EN GETSEMANÍ

El amor de Jesús llegó hasta el extremo: fue el amor fiel, en la noche del miedo y del dolor. El amor capaz de sobrepasar el sentimiento de fracaso, de soledad, de abandono; el amor capaz de sobrepasar la conciencia del pecado del mundo; el amor capaz de sobreponerse al miedo, al sufrimiento, al espanto. Getsemaní es la fidelidad del amor divino-humano de Jesús en la noche de la humanidad.

LECTURA DEL EVANGELIO DE LUCAS

Salió Jesús al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:
– Orad, para no caer en la tentación.
Él se apartó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba diciendo:
– Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Y se le apareció un ángel del cielo que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Su sudor se hizo como gotas de sangre que caían en tierra. Y, levantándose de la oración, fue hacia los discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
– ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación.

INVITACIÓN A UNA ORACIÓN DE INTERCESIÓN

Vamos a rezar juntos la oración “Contigo, Señor”, para luego realizar de modo espontaneo peticiones, oraciones de intercesión. Pronunciar nuestra oración en alto es confiarla a la comunidad para que se multiplique. Y unirnos a la oración que otros pronuncian es acoger como nuestros los deseos y necesidades de los hermanos.

CONTIGO, SEÑOR

Que mi estancia ante ti, te dé contento. Y lo mismo que a mí me dejas intuir
que mi vida depende de la intercesión de los demás,
recibe, Señor, en la noche de tu agonía,
mi oración por todos mis hermanos,
por los que me han sido confiados,
por los más débiles.
Confío que en su oscuridad
les acompañe una luz por esta vigilia en tu presencia.

ORACIÓN DE PETICIÓN

R/ Guarda su vida en tus manos, Padre.

Terminamos uniéndonos a la entrega de Jesús con el canto:

In manus tuas, Pater,
commendo spiritum meum.

Hora Santa 3

Descargar guía monitor Descargar hoja para repartir

AMBIENTACIÓN

ORACIÓN

Señor Jesús,
en esta hora de silencio y de paz,
al adentrarnos en la noche de tu entrega,
en que las sombras de la inquietud se acercan,
queremos estar contigo
que nos amas hasta el extremo.
Tú has puesto para nosotros lo que tú eres;
nosotros ponemos ante Ti lo que somos,
para adorarte en espíritu y en verdad.
En la intimidad profunda de esta noche santa,
en que tus palabras son tu testamento,
tu voluntad última, tu oración,
haz de nosotros amigos fieles,
discípulos verdaderos,
enamorados de tu amor.
Es noche de Alianza Nueva,
de banquete del Reino;
noche sacerdotal
en que del todo te consagras;
tiempo de orar y velar…
Noche de gracia en que nos salvas.
Acepta, Señor, nuestra compañía
en esta hora;
siembra en nosotros tu Evangelio
y haznos capaces de vivir contigo
y desde Ti
todas las cosas,
amando, como Tú, hasta el extremo.

CANTO

Sentaos aquí, velad conmigo, velad y orad, velad y orad.


 

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. (Jn 15, 1.4-5)

MEDITACIÓN

Miramos, contemplamos los signos de la Eucaristía: el pan y el vino, signos de la entrega de Jesús. Y el sagrario, expresión de su presencia permanente entre nosotros.
Señor Jesús, tenemos mucho que agradecerte. Vivimos hoy como comunidad, como Iglesia, gracias a la Eucaristía. Sal a nuestro encuentro y enséñanos a descubrir los signos de tu presencia en nuestras vidas. Haznos crecer en deseos de conocerte y permanecer junto a T¡, para que nuestra norma de conducta sea siempre vivir siempre imitando tu ejemplo y dando frutos de bondad, de alegría, de perdón y de unidad.
Nos pides permanecer, ser fíeles, crecer en nuestra pobre fe, alimentar nuestra vida con tu presencia y para esto es necesaria la intimidad contigo, buscar los momentos para encontrarte, para conocerte, para vivir contigo, en Ti…
¿Dónde alimentamos nuestra permanencia?
¿Descubrimos la Eucaristía como ese espacio de comunión, de encuentro con los hermanos y con Dios, como lugar donde alimentar nuestra fe?
¿Tenemos en nuestra vida espacios de oración personal y comunitaria para crecer en la intimidad con Él?

CANTO: AMAOS

Como el padre me amó,
yo os he amado
permaneced en mi amor,
permaneced en mi amor.

Si guardáis mis palabras
y como hermanos os
amáis compartiréis con
alegría el don, de la
fraternidad.

Si os ponéis en camino
sirviendo siempre la verdad
fruto daréis en abundancia
mi amor se os manifestará.

No veréis amor tan grande
como aquel que os mostré
yo doy la vida por vosotros
amad como yo os amé.

Si hacéis lo que os digo y
os queréis de corazón
compartiréis mi pleno gozo
de amar,
como El me amó.

Como el padre me amó,
yo os he amado
permaneced en mi amor,
permaneced en mi amor.


 

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. (Jn 15, 9-17)

MEDITACIÓN

Miramos los signos del lavatorio: la toalla y la jofaina que nos hablan de un Dios que por amor nos lava los pies.
El mandamiento que Jesús nos da es el del amor. La iniciativa parte de Jesús. Él nos amó primero. Su amor es invitación, es punto de partida para el nuestro; y algo más, es gracia derramada que nos capacita para amar como Él mismo nos amó. Su amor es el del Padre, su amor es el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones.
Señor, enséñanos a mirar a cada persona con una mirada fraterna. No permitas que nuestro corazón se cierre a tantas injusticias que nos rodean y a tantos hombres como sufren. Haz que sepamos reconocer en cada ser humano tu rostro vivo para que te adoremos y te sirvamos por medio de nuestra entrega y nuestra solidaridad.
• ¿Nos sentimos así de amados por El?
• ¿Nos sentimos invitados a amar, a servir a los hermanos?
• ¿En quiénes se concreta esa invitación?

Lo expresamos con esta oración:

CANTO

El alma que anda en amor,
ni cansa ni se cansa. Oh………


 

ORACIÓN: LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO

Señor Jesús,
Tú quisiste que nos amásemos unos a otros
como Tú nos habías amado;
y Tú nos amaste
como el Padre te había amado a Ti.
Ese fue tu gran testamento final.
Derriba en nosotros las altas murallas
levantadas por el egoísmo, el orgullo,
la vanidad.
Aleja de nuestras puertas las envidias
que destruyen la unidad.
Líbranos de las inhibiciones,
calma los impulsos agresivos,
purifica las intenciones
y que lleguemos a sentir como Tú sentías
y a amar como Tú amabas.
Haz Señor Jesús,
que una corriente sensible, cálida y profunda
corra en nuestras relaciones;
que nos comprendamos y perdonemos;
nos estimulemos y nos celebremos;
que no haya entre nosotros
obstáculos, reticencias ni bloqueos;
que seamos abiertos y leales,
sinceros y veraces.
Y así demostremos ante el mundo
que Tú, señor Jesús,
eres el enviado del Padre
y estás vivo entre nosotros. Amen.

CANTO

El alma que anda en amor,
ni cansa ni se cansa. Oh…….


 

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN

Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. (…) Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.
No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. (…) No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno.
Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. (Jn 17, 11b. 14-15.20-21)

MEDITACIÓN

Contemplamos la estola como signo del sacerdocio de Jesús, del sacerdocio de nuestros días significado en nuestros pastores. Es un signo de la unidad, de la comunión en Jesús, de la entrega a los hombres, de la presencia de Cristo en nuestro mundo.
El mundo necesita testigos de tu presencia Señor, porque en la vida de muchos hombres, la fe en Ti se ha apagado. Vivimos preocupados únicamente de nuestros intereses y de aumentar nuestro bienestar y nuestra hacienda.
Suscita entre nosotros hombres y mujeres generosos, capaces de olvidarse de sí mismos para poner sus vidas al servicio de los hombres, sobre todo de aquellos que más lo necesitan, y que se entreguen con alegría al anuncio gozoso de tu Evangelio.

• ¿Damos gracias a Dios por nuestros Pastores, testigos de esa unidad?
• ¿Nos sentimos también nosotros partícipes del sacerdocio de Cristo y llamados a construir, trabajando por el Reino de Dios, la unidad en nuestro mundo?

Oración y Eco de los versos con los que nos identificamos:

ORACIÓN: ENVIADOS A ANUNCIAR EL EVANGELIO

Somos tus servidores, Cristo Jesús,
elegidos para ser apóstoles,
y destinados a proclamar la Buena Noticia
de tu vida, muerte, y resurrección,
la Buena Noticia que es fuerza de Dios
para todos los que creen.
Señor, te pedimos servirte
con rectitud e corazón,
sostenidos por el escudo de la fe,
movidos por la caridad.
Alienta nuestro esfuerzo
por conocer las cosas de Dios.
Que aprendamos de Ti la bondad
y el amor sin doblez.
Que podamos mantenernos firmes
en los momentos difíciles
y superar las adversidades con tu fortaleza.
Pon en nuestros labios la palabra oportuna;
danos libertad para dar a conocer tu mensaje,
valor para anunciarlo,
y coherencia de vida para testimoniarlo.
Enséñanos a hacer todo esto orando
y suplicando sin cesar guiados por el Espíritu.
Ayúdanos a descubrir y a asimilar
el mensaje de tu muerte en la cruz y
tu resurrección:
es escándalo y locura para muchos
que con su sabiduría
no han llegado a conocer a Dios.
Pero lo que en Dios nos parece absurdo
aventaja con mucho el saber de los hombres,
y lo que en Dios nos parece débil
es más fuerte que la fuerza de los hombres.
Señor, queremos andar
por el camino de la salvación,
llevados por la sabiduría y la fuerza de Dios
guiados por su Espíritu.
Signo, entregamos unas semillas.

CANTO

Ven, no apartes de mí los ojos,
te llamo a ti, te necesito,
para que se cumpla en el mundo
el plan de mi Padre.


 

LECTURA DEL EVANGELIO DE LUCAS

Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron. Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.» Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.» (LC 22, 39-51)

Nos quedamos con este mensaje para orar, para meditar… Se nos pide que oremos, que acompañemos a Jesús en su oración. Que pongamos ante Él tantas situaciones y tantas personas que necesitan sentirse queridas por Él. Vamos a unirnos a esa oración de Jesús respondiendo a cada una de las peticiones Acógelos Señor en tu oración.

TIEMPO DE PETICIÓN

Por los que viven adorando ídolos…
Por los que no saben arrodillarse…
Por los que no escuchan la voz de Dios…
Por los que viven abandonados a sus antojos…
Por los que no saben orar…
Por los que no quieren la cruz como compañera
Por los que duermen en vez de tomar decisiones…
Por los que no saben amar…
Por los que sólo viven para ellos…
Por los que entregan su vida en silencio…
Por los que mueren por los demás…
Por los que huyen ante la realidad dura…
Por los que se ocultan en la noche para no dar la cara…
Por lo que sienten miedo a decir la verdad…
Por los cobardes de corazón…
Por lo que arrastran su vida sin tomar postura…
Por lo que malgastan su vida…
Por las víctimas inocentes de las guerras y el terrorismo.
Por los que viven cegados por el odio y la muerte
Por los que viven y mueren olvidados
Por todos nosotros.

CANTO FINAL

In manus tuas Pater, commendo spiritum meum.
In manus tuas Pater, commendo spiritum meum.

[/vc_row]