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" Este niño pedía yo ...., ahora se lo cedo al Señor por todos los días de su vida... " (I Sam 20-22. 24-28).
" Cuanto pedimos lo recibimos de Dios ... porque hacemos lo que le agrada ... " (I Jn 3, 1-2. 21-24).
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SÍMBOLOS |
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Belén.
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Promesas matrimoniales.
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Casa abierta.
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2.- PALABRA |
(Lc 2, 41-52). Un acontecimiento importante en la vida familiar de Jesús: su primera pascua, su encuentro con el Padre, su búsqueda del Padre.... y su vuelta a la vida familiar.
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 2, 41-52)
Primera pascua de Jesús
Ex 12 24-27; Dt 16 1-8; Jn 2 16; Lc 1 80; 2 19 |
41 Sus padres iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de pascua. 42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta, según la costumbre. 43 Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. 44 Estos creían que iba en la comitiva, y al terminar la primera jornada le buscaron entre los parientes y conocidos. 45 Al no hallarle, volvieron a Jerusalén en su busca. 46 Al cabo de tres días, le encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y haciéndoles preguntas.
47 Todos los que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Al verle, se quedaron perplejos, y su madre le dijo:
- Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados.
49 Él les contestó:
- ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?
50 Pero ellos no comprendieron lo que les decía. 51 Bajó con ellos a Nazaret, y vivió bajo su tutela. Su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón. 52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres.
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COMENTARIO |
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La ley de Israel pedía que los muchachos judíos que hubieran llegado a la edad de la pubertad fueran a Jerusalén tres veces al año (Ex 23 14-17). Jesús tiene ya doce años, y aunque los rabinos no consideraban obligatoria esta ley hasta los trece, muchos padres llevaban a sus hijos antes de esa edad. En este relato, y antes de que se inicie la predicación del precursor, Jesús pronuncia sus primeras palabras en el momento en que entra en su juventud, y lo hace durante la pascua y en el templo. Estas palabras, como las del final del evangelio (Lc 24 49), hablan del Padre y del misterio de la filiación que sobrepasa toda inteligencia humana. Lo mismo que ocurre aquí, en su juventud, ocurrirá en su madurez al final de su misión (Lc 19 45-48). Allí también Jesús predica en el templo, ante la admiración del pueblo, pero en un contexto que nos anuncia ya el comienzo de su pasión.
La clave de este episodio se encuentra en las palabras de Jesús. El significado de su respuesta a la pregunta de María es que Dios es su Padre (en contraste con su padre legal). De ahí se deduce que las exigencias de este Padre pasan por encima de cualquier exigencia. Su misión le va a obligar a romper los lazos con su familia (Mc 3 31-35). Pero no nos apresuremos a ver en esta afirmación de Jesús todo lo que la teología posterior va a afirmar sobre la filiación de Jesús. Todo lo que está implicado en este título de Hijo de Dios lo vamos a ver manifestado paulatinamente en la vida pública de Jesús y, sobre todo, en su muerte (Mc 15 39; Rom 5 10; Gal 2 20) y su resurrección (Rom 1 3-4).
Sin embargo esta filiación divina no suprime los condicionantes de la humanidad de Jesús (Lc 2 52). Como todos los niños y adolescentes de su tiempo irá adquiriendo poco a poco su madurez física y espiritual. Su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón esperando que el futuro desvelara su significado pleno (Lc 2 51). Esta fe reflexiva de María nos invita a los creyentes a volver nuestra mirada a estos acontecimientos para descubrir en ellos la luz que ilumine el camino de nuestra vida al servicio del evangelio de Jesús.
El evangelio según san Lucas
Luis F. García-Viana
Casa de la Biblia
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3.- RESUENA LA PALABRA |
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Evidente es que asistimos a un pluralismo familiar, bajo signos diversos, pero lo que constituye a esa célula humana en familia es el amor que les vincula.
- Lo extraordinario y lo ordinario de la familia cristiana y de la familia de Nazaret, que es modelo, es la presencia de Jesús.
Jesús como Hijo en la familia de Nazaret es un don y en toda familia cristiana los hijos buscados, queridos o aceptados son don del Padre y misterio de amor en el seno de esa comunidad humana.
- El Hijo en la familia de Nazaret es proyecto y realidad de Dios, también en cada familia cristiana los hijos son proyecto, misterio y realidad de Dios que se desarrolla exigiendo respeto, tolerancia y un amor, no siempre entendido, por los padres.
- Todo hijo es un desafío, exige un crecimiento, demanda una madurez y comporta unas esperanzas no siempre satisfactorias; la libertad con que se expresa, la confianza que exige y la generosidad a la que obliga demanda de los padres y de la familia apertura a la voluntad divina, que se instala en su seno a través del misterio de cada vástago. Misterio divino y encarnado en cada ser que crece, aprende y comprende en su interior.
- Todo hijo, como Jesús en la familia de Nazaret, es un signo de contradicción y un motivo de salvación:
- "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados". (v.48).
- Todo hijo es motivo de plegaria, misterio y presencia de Dios: "su madre guardaba todos estos recuerdos en su corazón" (v.51).
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MEDITACIÓN, ORACIÓN DE QUIETUD
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Mantras |
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" Padre nuestro "
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" Mi Dios y mi todo "
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" Tú eres el camino "
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PARA LA REFLEXIÓN Y VIVENCIA |
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Cada hijo es un misterio, comporta una llamada irrepetible, que no puede sacrificarse al proyecto de los padres, a sus ambiciones o programaciones.
- ¿Sabemos respetar la realidad sagrada de cada persona?
- ¿Aprendemos a no profanar la dignidad y libertad de cada ser?
- ¿Sabemos que somos presencia vocacionada de Dios para nuestro mundo?
- ¿Custodias, proteges y amas a tus hermanos?
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4.- PARA EL DIÁLOGO Y LA EXPERIENCIA |
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Terminamos orando el Salmo 83 del Diurnal
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¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!
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