Área privada

Síguenos

Asunción Palomo Vara, vivió para Dios, vive con Dios - Instituto Secular Femenino Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote
5717
post-template-default,single,single-post,postid-5717,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,wpb-js-composer js-comp-ver-5.7,vc_responsive

Asunción Palomo Vara, vivió para Dios, vive con Dios

Asunción Palomo Vara, vivió para Dios, vive con Dios

El 29 de julio de 2019 falleció en la casa de San Juan de Ávila, en Madrid, Asunción  Palomo Vara.

Había nacido en Hornillos de Eresma (Valladolid) el 15 de agosto de 1928. Su espíritu sacerdotal nació y creció gracias a la vida y testimonio de su tío sacerdote. Ingresó en el Instituto Secular Siervas Seglares de Jesucristo Sacerdote en 1959, y emitió sus votos perpetuos en 1975.

Su vida estuvo muy marcada por la polio que padeció en la infancia y sus secuelas. Este acontecimiento la moldeó e hizo de ella una mujer luchadora, con un gran afán de  superación de sí misma, y sensible y comprometida con todo dolor humano. Su ingreso en el Instituto, en una época en que esta enfermedad solía ser motivo de exclusión, significó una autentificación importante de su vocación a la vida consagrada y un don muy valioso para la apertura del propio Instituto, en el período fundacional.

Vivió como Sierva con gran entrega, con profundo amor a la fraternidad, y fue miembro del Consejo General del Instituto, Vice-Directora General, siendo Directora General Rosario Morales. Fue también muchos años miembro de la Comisión de Formación Permanente del Instituto. Fue Sierva de vida en familia: permaneció en su casa junto con dos hermanos, hasta que la limitación física y los cuidados que necesitaba la llevaron a pasar sus últimos años en San Juan de Ávila. Su familia estuvo presente en todo su itinerario vital: les quiso mucho y fue muy querida, tanto por sus hermanos como por sus sobrinos.

Trabajó como enfermera con gran profesionalidad, primero en la Residencia Sacerdotal San Pedro de Madrid (Mutual del Clero), y luego en la Seguridad Social, en un ambulatorio y como ayudante de cirujano. Su puesto de trabajo fue un lugar esencial en su vivencia de la secularidad consagrada.

Fue una mujer de intensa vida parroquial. En la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, en el barrio madrileño de Moratalaz, trabajó incansablemente, sobre todo en la Pastoral de la Salud (visitaba a los enfermos y les llevaba la comunión, ejerciendo así un acompañamiento al que dedicó mucho tiempo) y en Prebautismales (ayudaba a las celebraciones, visitaba a las familias y les daba catequesis en las casas). Participó mucho en la vida de la parroquia, siempre procurando construir comunidad. También contribuyó a difundir el CEFOR, el Centro de Formación del Laicado, con su sede en la vecina Parroquia de Nuestra Señora de Moratalaz, en el que participó como monitora. Conocía bien el arciprestazgo y apoyó toda iniciativa generadora de comunión.

En toda esta intensa vida, su deseo mas profundo fue la justicia. En efecto, desde una gran coherencia de vida, sabía denunciar toda injusticia, luchar por las causas que significaban la verdad y el bien para los demás, sin eludir en ello riesgos personales. Fue así, desde Jesucristo Sacerdote, mediadora de misericordia,  solidaria con el sufrimiento, capaz de compadecerse de los demás y de consolar. Siempre buscando su superación, inconformista consigo misma, su lucha por la plena igualdad de todas las personas, desde su propia limitación personal, la ayudó a derribar barreras físicas, psicológicas y sociales, convirtiéndose así en un testimonio de la dignidad de toda persona en toda circunstancia.

En esta entrega encarnó el ideal del Instituto: «Todo por los elegidos», viviendo hasta el final su fidelidad al Señor.